jueves, 13 de julio de 2017

Francis Bacon y Walt Disney





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Por: John Berger



Una figura ensangrentada en la cama. Un esqueleto entablillado. Un hombre sentado en una silla fumando. Uno pasa ante estos cuadros como a través de una institución gigantesca. Un hombre gira en una silla. Un hombre con una maquinita de afeitar en la mano. Un hombre cagando.

¿Cuál es el significado de los sucesos que vemos? Las figuras pintadas parecen bastante indiferentes a la presencia o a los apuros de las otras. ¿Lo somos también nosotros cuando pasamos delante de ellas sin inmutarnos? Una fotografía en la que aparece el propio Bacon con la camisa remangada muestra que sus antebrazos guardan un estrecho parecido con los de los hombres que pinta. Una mujer se desliza por una barandilla como lo haría un niño. En 1971, según la revista Connaissance des Arts, Bacon ocupaba el primer lugar entre los diez mejores artistas vivos. Un hombre está sentado, desnudo, con los pies rodeados de jirones de papel de periódico. Un hombre mira fijamente la cuerda de una persiana. Un hombre deposita una camiseta sobre un manchado sofá rojo. Hay muchas caras que se mueven y al moverse dan una impresión de dolor. Nunca ha habido una pintura como ésta. Una pintura que se relacione con el mundo en el que vivimos. ¿Pero cómo? Empecemos con unos cuantos datos:

Francis Bacon es el único pintor británico de este siglo que haya tenido una influencia internacional.

Su obra es notablemente coherente, desde los trabajos más tempranos hasta los más recientes. Uno se encuentra frente a una visión del mundo totalmente articulada.

Bacon es un pintor que cuenta con una técnica extraordinaria, es un maestro. Todo aquel que esté mínimamente familiarizado con los problemas que plantea la pintura figurativa al óleo no puede sino asombrarse ante la manera como Bacon los soluciona. Una maestría tal es el resultado de una gran dedicación y de una lucidez extrema con respecto al medio.

La obra de Bacon ha sido extraordinariamente bien comentada. Escritores como David Sylvester, Cichel Leiris y Lawrence Gowing han hablado con gran elocuencia de sus implicaciones internas. Por “internas” me refiero a las implicaciones de las proposiciones de la obra en los propios términos de ésta.

La obra de Bacon está centrada en el cuerpo humano. Éste suele estar distorsionado, mientras que las ropas o lo que lo rodea no lo está, o lo está relativamente menos. Comparemos el impermeable con el torso, el paraguas con el brazo, la colilla con la boca. Según el propio Bacon, las distorsiones sufridas por el rostro y el cuerpo son la consecuencia de su búsqueda de una manera de hacer que la pintura “llegue directamente al sistema nervioso”. Una y otra vez se refiere al sistema nervioso del pintor y del espectador. Para él, el sistema nervioso es independiente del cerebro. El tipo de pintura figurativa que atrae al cerebro es para Bacon ilustrativa y aburrida.

“Siempre he intentado comunicar las cosas de la forma más directa y más cruda que he sido capaz, y tal vez porque les llegan directamente, porque las comprende directamente, la gente piensa que son horribles.”

Para alcanzar esa crudeza que habla directamente al sistema nervioso, Bacon confía plenamente en lo que él denomina “el accidente”. “En mi caso, considero que todo lo que me ha gustado de verdad ha sido el resultado de un accidente sobre el que he sido capaz de trabajar”

En su pintura, el accidente tiene lugar cuando el artista hace “marcas involuntarias” en el lienzo. Su “instinto” encuentra entonces en ellas una manera de desarrollar la imagen. Una imagen desarrollada es aquella que es al mismo tiempo real y sugerente para el sistema nervioso.

Francis Bacon, Estudio de tres cabezas (1962) - MoMa  Read more: http://bibliotecaignoria.blogspot.com/#ixzz27cSUu6hr
Francis Bacon, Estudio de tres cabezas (1962) - MoMa


“¿Acaso no desea uno que las cosas sean lo más reales posible, pero al mismo tiempo profundamente sugerentes o profundamente reveladoras de unas áreas de la sensación diferentes de la mera ilustración del objeto que te propones hacer? Al fin y al cabo, ¿no es en eso en lo que consiste el arte?”

Para Bacon el objeto “revelador” es siempre el cuerpo humano. El resto de las cosas que aparecen en su pintura (sillas, zapatos, persianas, interruptores de la luz, periódicos) están sólo ilustrados. “Lo que quiero hacer es distorsionar la apariencia de la cosa, pero restituyéndola en esa distorsión a una narración de la apariencia.”

Si lo interpretamos como un proceso, veremos que esto significa lo siguiente. La apariencia de un cuerpo sufre el accidente de las marcas que se le infligen involuntariamente. Su imagen distorsionada llega entonces directamente al sistema nervioso del espectador (o del pintor), quien vuelve a descubrir la apariencia del cuerpo a través o por encima de las marcas que sufre.

Además de las marcas infligidas por accidente en el acto de pintar, hay a veces marcas pintadas en un cuerpo o en un colchón. Éstas son huellas, más o menos obvias, de fluidos corporales: sangre, semen, tal vez excrementos. Cuando aparecen, estas manchas del lienzo son como manchas en una superficie que ha tocado realmente al cuerpo.

El doble sentido de las palabras que Bacon ha utilizado siempre para hablar de su pintura (accidente, crudeza, marcas), e incluso tal vez el doble sentido de su apellido,* parece formar parte del vocabulario de una obsesión, de una experiencia que probablemente data del inicio de su timidez. El mundo de Bacon no ofrece alternativas ni salidas. No existe en él la conciencia del tiempo ni la del cambio. Muchas veces Bacon empieza a trabajar en un cuadro partiendo de una imagen fotográfica. La fotografía registra un momento. En el proceso de la pintura, Bacon busca el accidente que convierte ese momento en todos los momentos. En la vida, el momento que descubre todos los momentos pasados y venideros suele ser por lo general un momento de dolor físico. Y el dolor puede ser el ideal al que aspira la obsesión de Bacon. Sin embargo, el contenido de sus cuadros, el contenido que constituye su atractivo, tiene muy poco que ver con el dolor. Como suele suceder, la obsesión es una distracción, y el contenido real reside en otra parte.

Se dice que la obra de Bacon es una expresión de la angustiosa soledad del hombre occidental. Sus figuras están aisladas en vitrinas de cristal, en arenas de color puro, en habitaciones anónimas o incluso en sí mismas. Su aislamiento no nos impide verlas. (La forma tríptico, en la que cada figura está aislada en su propio lienzo pero sin dejar de ser visible para las otras, es sintomática.) Las figuras de Bacon están solas, pero carecen de toda intimidad. Las marcas que muestran, sus heridas, parecen autoinflingidas, aunque en un sentido especial. No por un individuo concreto, sino por la especie, el hombre, porque en tales condiciones de soledad universal, la distinción entre el individuo y la especie pierde su significado.

Bacon es lo opuesto a uno de esos pintores apocalípticos que esperan que ocurra lo peor. Para Bacon, lo peor ya ha ocurrido, y no tiene nada que ver con la sangre, las manchas, las vísceras. Lo peor es que se haya llegado a considerar que el hombre es un ser con inteligencia.

Lo peor ya había sucedido en la Crucifixión de 1944. Ya aparecen aquí los vendajes y los gritos, como también la aspiración hacia un dolor ideal. Pero los cuellos terminan en bocas. La parte superior de la cara ha desaparecido. Falta el cráneo. Posteriormente, lo peor se evoca de una manera más sutil. La anatomía permanece intacta, y la incapacidad del hombre para reflexionar se sugiere mediante lo que sucede a su alrededor y por su expresión, o la carencia de ésta. Las vitrinas de cristal, que contienen a los amigos o a un papa, recuerdan aquellas que sirven para estudiar el comportamiento de los animales. Los decorados, los trapecios, las barandillas, las cuerdas, se parecen a los accesorios que se ponen en las jaulas de los animales. El hombre es un mono infeliz. Pero si se da cuenta de ello, deja de serlo, Y por eso es necesario mostrar aquello que el hombre no sabe. El hombre es un mono infeliz sin saberlo. No es el cerebro, sino la percepción, lo que separa a las dos especies. Este es el axioma en el que se basa el arte de Bacon.

Durante los primeros años de la década de 1950, parecía que Bacon estaba interesado en las expresiones faciales. Pero, según él mismo admitía, no por lo que expresaban en sí mismas.

“En realidad, quería pintar el grito más que el horror. Y creo que si realmente hubiera pensado en qué es lo que hace que alguien grite'—el horror causante del grito—, los gritos que intentaba pintar habrían sido mucho más logrados. De hecho, eran demasiado abstractos. Originariamente empecé a pintarlos llevado por esa conmoción que siempre me han causado los movimientos y la forma de la boca y los dientes. Podríamos decir que me gusta el brillo y el color que sale de la boca, y en cierto sentido, mi deseo siempre ha sido el ser capaz de pintar bocas como Monet pintaba puestas de sol.”

En los retratos de amigos, como en el de Isabel Rawsthorne, o en algunos de los autorretratos más recientes, uno se enfrenta con la expresión de un ojo, a veces de dos. Pero estudiemos esas expresiones, leámoslas. Ninguna de ellas es autorreflexiva. Los ojos miran desde su condición, estúpidamente, hacia afuera, hacia lo que los rodea. No saben lo que les ha sucedido; y en su ignorancia reside su patetismo. ¿Pero qué es lo que les ha sucedido? El resto de sus rostros están contorsionados con expresiones que no son suyas, con expresiones que, en realidad, no son tales (porque tras ellas no hay nada que expresar), sino que son.

No del todo por accidente, sin embargo. El parecido permanece, y en esto Bacon emplea toda su maestría. Normalmente, el parecido define el carácter, y el carácter en el hombre es inseparable de la mente. Esta es la razón por la que algunos de estos retratos, sin precedentes en la historia del arte, pese a no ser nunca trágicos, llegan a causar una gran obsesión. Vemos el carácter como el molde vacío de una conciencia que está ausente. De nuevo aquí, lo peor ya ha sucedido. El hombre vivo se ha convertido en su propio espectro carente de inteligencia.

En las grandes composiciones figurativas, en las que hay más de un personaje, la falta de expresión se combina con la total carencia de receptividad de las otras figuras. Todas ellas se están continuamente demostrando unas a otras que no pueden tener expresión alguna. Sólo permanecen las muecas.

La manera como Bacon percibe el absurdo no tiene nada en común con el existencialismo o con la obra de un artista como Samuel Beckett. Este último concibe la desesperación como resultado de cierta discusión interna, como resultado de intentar desenmarañar del lenguaje todas las respuestas dadas convencionalmente. Bacon no se cuestiona nada, no desenmaraña nada. Acepta que lo peor ha sucedido.

La falta de alternativas que entraña su visión de la condición humana se refleja en la falta de un desarrollo temático en su obra. Durante treinta años toda su evolución se ha centrado en el aspecto técnico de enfocar lo peor cada vez más nítidamente. Lo logra, pero al mismo tiempo esa reiteración hace que lo peor sea menos creíble. Esta es la paradoja del artista. A medida que pasas de una a otra sala, empiezas a comprender claramente que puedes vivir con lo peor, que puedes seguir pintándolo una y otra vez, que puedes convertirlo en un arte cada vez más elegante, que puedes ponerle terciopelo y marcos dorados, que otra gente lo comprará para colgarlo en las paredes de sus comedores. Empieza a parecer que Bacon es un charlatán. Pero no lo es. Y la fidelidad que guarda para con su propia obsesión garantiza que la paradoja de su arte produzca una verdad coherente, aunque no sea la verdad que él se propone.

El arte de Bacon es, en efecto, conformista. No es con Goya o con el primer Eisenstein con quienes debe ser comparado, sino con Walt Disney. Ambos hombres, Bacon y Walt Disney, se plantean el comportamiento alienado de nuestras sociedades; y, cada cual de una forma diferente, convencen al espectador de que lo acepte como es. Disney consigue que el comportamiento alienado parezca gracioso y sentimental y, por lo tanto, aceptable. Bacon interpreta ese comportamiento en unos términos según los cuales lo peor que pudiera suceder ya ha sucedido.

El mundo de Disney también está cargado de una violencia vana. La catástrofe última está siempre presente. Sus criaturas tienen personalidad y reacciones nerviosas; de lo que (casi) carecen es de inteligencia. Si ante una secuencia animada de Disney, leyéramos, creyéndonoslo, un pie como Esto es todo lo que hay, la película en cuestión nos causaría el mismo horror que un cuadro de Bacon.

Al contrario de lo que suele decirse, los cuadros de Bacon no comentan ninguna experiencia real de soledad, angustia o duda metafísica; tampoco critican las relaciones sociales, la burocracia, la sociedad industrial o la historia del siglo XX. Para hacerlo tendrían que haberse referido a la conciencia. Lo que hacen es demostrar cómo la alienación puede provocar un anhelo de esa su propia forma absoluta que es la falta total de inteligencia. Ésta es la verdad consecuentemente demostrada, más que expresada, en la obra de Bacon.


En Mirar

Traducción: Pilar Vázquez Álvarez
Imagen: Jean Mohr

lunes, 3 de julio de 2017

"CONVERSACIÓN CON ZOAR LHING"










"CONVERSACIÓN CON ZOAR LHING"

(Poemita de horror victoriano)

por
(Omar García Ramírez)



Todos los artistas tienen  un oficio secreto
del que no hablan fácilmente frente al público…
 ––Me decía Zoar Lhing.  Mago, alquimista y poeta––.
(En su rostro, los años no se reflejaban; había aprendido a conservar una juventud atemporal. Ejercicios, ayunos, dietas rigurosas; lo habían convertido en un viejo venerable con cara de niño malo, un viajero del oriente con cara de jugador de póker).

Algunos poetas escriben discursos para hombres públicos
otros artistas pintan cartelitos para circos mexicanos y aquellos
                                                      escriben crucigramas para revistas del corazón.
Otros han aprendido a trepar como buenos cortesanos y no tienen dolor de espalda, a pesar de que sus cabezas y  rodillas tocan el suelo cuando los poderosos hablan. Acróbatas ilustres que tratan de hacer carrera en las artes del equilibrio. Nunca resbalan para mantenerse en la cuerda floja de las vanidades. ––Ventrílocuos de  la estética del poder––.
Conocí también trotamundos, vagabundos, y exploradores.
Gastaron su escasa fortuna buscando dorados;
Paititís  emboscadas  bajo lunas  de plata y soles de oro;
traficantes alucinados con miradas de hierro forjadas en profundos y oscuros arsenales...
Temporadas de arenas rojas sobre las dunas del infierno. 

Algunos son relojeros que dan cuerda al tiempo de sus obsesiones; brillan inclinados sobre relojes de maquinaria exquisita, mientras murmuran por lo bajo, palabras que intentan detener el paso inexorable de la muerte. Saben que nunca lucirán esas joyas en sus manos.
Las hacen para damas cortesanas que perfumaran sus cabelleras y aceitaran sus pieles
                                                                              /para ofrendarlas a  una raza de gnomos y de golems.

Sí…
A aquellos los respeto...
Pero la mayoría solo medra bajo la sombra larga incombustible del Ancient régimen.
Todo ese ejercicio de la retórica y la poética para  establecer el canon.  El consenso.
No me malinterprete, (sé que usted es uno de los pocos que no se toma muy en serio).
Pero mire a esos señoritos tomando el té  y las tostadas, cuidando su caligrafía, reuniendo citas eruditas, ampliando la base de su knowledege; engrosando la bibliografía de sus informes académicos. Corrigiendo hasta el cansancio sus libros, sus himnos y sus odas.


Todos tienen un oficio secreto.
Una ceremonia oculta.
Un ritual vergonzoso del cual no hablan para no perder el aura.

El mío es…
el de las cartas eróticas…
Las cartas eróticas de los viudos a los espíritus de sus queridas muertas.
No se extrañe querido poeta.
Todos tienen deudas, usted sabe, y yo las tengo…

Descubrí de joven y por accidente esta capacidad.
Ya sabe que soy un hombre poliédrico y de varios talentos (cultivados que lo sepa)
                                                                                               /no robados ni postizos.
El Tantra.
El kama  Sutra.
La lucha con espadas. La pelea con tritones.
La levitación, la clarividencia…
La comunicación con los difuntos.
Así que escribía cartas.
"Ellos"...Los otros... respondían con una caligrafía eléctrica bordada sobre cortinas etéreas;
                                                                                  otras veces, golpes rítmicos y telekinesia.
(Algo oscuro y complejo; poltergeist  y ectoplasma de por medio).
Esas cartas me daban la oportunidad de enviar recuerdos poéticos
de  los vivos, a sus amadas que se encontraban en otra dimensión.
Un duque, un conde, un ex presidente y un banquero, eran parte de mis clientes.
Todos ellos gente que se diría  culta y solvente.
Mensajes, que un médium cualquiera y sin lecturas, no podría hacer llegar a esas criaturas.

Pero un día me enamoré de ese espíritu…
Hermosa duende. Una suicida.
(Overdósis  de somníferos).
A pesar de estar en otra línea dimensional; tenía una peso energético que erizaba los vellos.
La criatura más excelsa que he conocido en este mundo fantasmático y larvario.

En sus fotografías se veía triste y ausente. 26 años.
El hombre
(un académico calvo, obeso, con cara de sátiro tropical adicto a los barbitúricos) lloró, se arrastró.
Noté  el ambiente frío. Algo de indiferencia en la penumbra palladina.

Después que el cliente se fue, seguí conversando con ella.

Ella no quiso seguir recibiendo mensajes del grotesque veuf .
Ahora solo se interesa por los míos.

Mi poesía se ha reducido a esa comunicación.
No tengo más expectativas con la literatura desde ese momento.

Todas las noches platicamos en un idioma de poesía
que ella también cultiva; y que yo admiro.

(Zoar Ling, expulsó el humo de tabaco, amapola y tamarindo de su pipa; y se quedó mirando como las volutas del humo se perdían en la fantasmagoría de la noche. Algo se movió allá al fondo en la penumbra;un destello tinturado en plata. Su piel amarilla y broncínea palidecía y en su cara se dibujaba la sonrisa más extensa de su vida).








sábado, 17 de junio de 2017

¿POR QUÉ UN POEMA…?






¿POR QUÉ UN POEMA…?

(Omar García Ramírez)






1

En tiempos de Goethe
las palabras del Werther desataron
una ola de suicidios que se extendió por Alemania
                                                                                              la llamaron Werther-fieber.

La poesía tenía espíritus lectores
y algunos de aquellos inspirados románticos
llegaron a mixturar los efluvios de su corazón con
                                                   las palabras. Crisoles de piedra y fuego.

La poesía era la naturaleza hecha espíritu en el alma de los hombres.
Dorado escudo de arabescos repujados, teñido en la sangre de las uvas salvajes.
Oro solar para almas de jóvenes soñadores.


En tiempos de Pushkin…

La gente salía y provocaba.
Había duelos a pistola
y los padrinos de aquellos duelistas
eran tan locos como los poetas 
que derramaban la sangre sobre la nieve de San Petersburgo.

Los poetas estaban al orden del día…
No solo epataban; arrebataban, enamoraban, construían nuevos mundos…
Emprendían el ascenso de escaleras al cielo
y se quemaban en las tormentas de nieve cuando bajaban de las montañas sagradas.


2

Ahora…
son tiempos difíciles para la poesía.
La gente espera baladitas ligeras de señoritos del idioma.
Los críticos, solo esperan a los iluminados de su academia;
(crooners, susurradores, boleristas de feria).
Algunos logran su cometido; otros sencillamente desafinan.

Un funcionario…
Siempre es bienvenido en estos lares que, en otra época,
                                                                        eran territorios fronterizos y peligrosos.
Biblioteca para desquiciados, códice iluminado de lunáticos;
asilo de gente golpeada.  
Travesía iniciática para maratonistas de la noche, corredores de fondo…

Ya un poema no te deja fuera de onda.
No invita a  la acción…
                                      o al suicidio… (afortunadamente).

Los publicistas utilizan algunos textos líricos en sus comerciales
con gran éxito de ventas.
Los versos se han tornado slogans para rejuvenecer el alma.
Nada raro…
Ya que todo ha sido cooptado por la publicidad.
(¿Qué sería de la publicidad sin la poética…?
la retórica publicitaria mama de la ubre lírica de la poesía).
La mercancía, hecha espíritu plástico del comercio global.

3

Pero….
Ya no hay poemas grabados en Piedras de Sol…
Ya no hay poetas que apunten a las estrellas como el Arquero Entusiasta…
No se lanzan en paracaídas y miran el mundo desde la nube de Huidobro…
No se mueren en París con aguaceros, como Vallejo;
O…sucumben bajo el sueño heroinómano, como J. Morrison.

Se resfrían en Bogotá D.C. con los chubascos de los cerros
                                            tomando un carajillo en las faldas de la Candelaria.
Acaso…
¿Toman té, con la luna en pantalones?…
Ahora es: café olé en Juancho Valdex
Saturar pastelillos de margarina liviana para la backerie de la velada floral.
Edulcorarlos como a bombonería                    
                                                      para niñas con caras de azúcar ácida                                                   
que asoman sus rostros constipados
                                      tras ventanales de una noche iluminada por arañas de cristal.
Pero…
                    Será…?

4

Será porque…
un poema ya no puede vibrar como una cuerda de violonchelo
                                                                            y hacer palidecer a la estrella de plata.
Porque un poema…
No se escribe…Ya no es posible…
Ha sido retirado de la vida
y reducido a una morada secreta y gris…
Esta allí balbuceando entre las cornisas de la luz como un gorrión.
Sombra que aletea entre las grietas de la estructura vital
a vuelo raudo, esquivando las columnas doradas de los atardeceres.
Diadema que nimba la frente de una muchacha delgada
que camina presurosa con su carpeta de pinturas en bandolera.

(Pintura automática; gran sueño de otra época.
Condenado a vivir dentro de las vestimentas de un pasajero urbano
que fuera pintado por Magritte: Traje de oficinista, cuerpo etéreo y sin palabras.
Algo que prefiere dejarse olvidado en un cuaderno garabateado
                                                                   a la espera de la maga, jardinera de la noche…)

Creo que ha vuelto a su condición original, su esencia primitiva.
Señuelo de luz,
                            proyecto de sueño,
                                                            espasmo del tiempo, epifanía secreta de la vida.


5

Quisiera preguntar:
¿Por qué un poema no puede ser más contundente que el jab de un boxeador?
¿Por qué no baila como Ali y no pega como Tisson?
¿Por qué no golpea más duro que un opercout de Vitali Klitschko?
(Pensamos en Arthur Cravan cuando vemos la perspectiva del combate,
algo de pugilismo existe en este mundo del poema).
Aumentar la carga; liberar la potencia del poema…
(En algunos momentos, es nuestra ilusión).
La jaula de combate; el octágono; vida que gira sobre el eje de una mirada suspendida.
Aspiraríamos a un poema rápido
como el brillo de una katana samurái sobre las alas de una mariposa lisérgica…
Pero entendemos que, en un mundo de aceleración perpetua
ya no podría tener esa contundencia.
Además, se ha perdido la costumbre de entrenar duro para para esos menesteres.

Jóvenes poetas de la vieja guardia…
                                                           Niños poetas de la guardia nueva...
boxeadores solitarios en los gimnasios del idioma.
Peleadores de sombra, golpe a golpe, contra los fantasma del destino.
No luchamos para vencer, sino para caer heridos;
saber encajar los golpes merecidos.
Dar la pelea sin desistir
                     sin renunciar a la lenta mordedura venenosa
                                                           que apagará la sangre, que encenderá el olvido.